viernes, 11 de enero de 2008

CRÍTICA DE "AMERICAN GANGSTER"


NOTA: 8,6

Crítica elaborada por Néstor García (amigo del blog)
www.deformacionprofesional.org
Cuando todos no aplican las reglas del juego, luego los tramposos no pueden decir que les han hecho trampas.
American Gangster (2007), de Ridley Scott, es el retrato de dos vidas muy distintas, opuestas y enfrentadas: por un lado, un guardaespaldas negro (Denzel Washigton), tras fallecer su jefe y mentor, el gangster dueño de Harlem, decide recuperar su memoria y territorios y lo hace la mar de bien apoyándose y dominando las leyes del mercado (vale, leyes ilegítimas pero con un teoría muy efectiva y hasta podría decirse que justa sino estuviéramos hablando de drogas); otro, un policía blanco, honesto hasta decir basta (devuelve un millón de dolares incautados) que vive su vida personal de la forma más libertina hasta el punto de poder perder la custodia de sus hijos. La historia está basada en un hecho real acontecido en la década de los 60-70.
El director de Blade Runner firma una buena película sobre el estado de Norteamérica en tiempos de la guerra de Vietnam. El guión es sumamente entretenido y su acierto está en trasformar una historia compleja con multitud de personajes en un relato sencillo pero eficaz, tratado con la simpleza narrativa de contar ambas historias por separado, intercalando una con otra para mantener al espectador atento y además saber contextualizar, dejando la ambientación histórica a los telediarios de la tele que siempre ocupan un segundo lugar en la escena pero nos recuerdan dónde y cuándo estamos. Pero que lo fácil salga bien es bastante difícil. A esto se suma una técnica de lo más correcta y, a la par, simple, con un montaje muy sintético, casi publicitario, que hace que las más de dos horas y media que dura el filme se proyecten en un suspiro.
Pero donde encontramos gran parte de su acierto también vislumbramos su peor fallo. Y es que tanta aparente simpleza y su ritmo endiablado, precipitan un final sin ningún tipo de fuerza donde se desaprovechan elementos narrativos que hubieran dado mucho juego y que eliminan la profundidad de uno de los personajes. Terminamos preguntándonos, ¿por qué Lucas se retira como se retira? ¿Qué significa ese último plano a la salida de la valla? Concluimos con la peor de todas ¿Quién osó meter ahí las tijeras? O ¿Se terminó el presupuesto o los supermercados no habrían ese día para comprar más cinta?
Pero aún no colocando la guinda al pastel terminamos con un buen sabor de boca (que no magnífico). Y es que tenemos con que reflexionar. Un aspecto que me resulta fundamental es la curiosa moralina que desprende el filme haciendo que el malo sea un señor recto, católico, que lleva a su madre a misa, se casa, cuida a su mujer y que trafica con drogas. Por otro lado, el bueno es un putero (no me refiero a que contrate sus servicios), divorciado, con un hijo al que no atiende, al que todos le echan en cara su modo de vida y que además estudia derecho (ya saben lo que dicen sobre de qué está lleno el infierno), sin embargo, en el trabajo es una piedra tallada por Kant, justo, correcto y que no se deja vencer por las presiones. Y es que a fin de cuentas es lo que termina importando: mientras uno sea correcto en su vida profesional, me importa un carajo lo que haga en su vida personal (vamos a ver, siempre dentro de la legitimidad). Se rompen además las falsas apariencias y los tópicos sobre lo aceptable y lo moralmente bueno (¡chuparos esa moralistas!).
Vale, hasta aquí algunos podrán opinar sobre los extremismos a los que Scott lleva a sus personajes, a que ni el bien en tan benevolente ni el mal tan maligno... sin embargo, debemos perdonarle en pos de un mensaje claro que evita lo farragoso de disquisiciones filosóficas sin cabida y de relatos que ni el mechero más potente podría hacernos fumar. Y que tampoco la cosa queda ahí, porque dar el mismo protagonismo al bien y al mal, supone que empaticemos con ambos personajes por igual y que lleguemos al final con un dilema sobre quien de los dos caballeros merece nuestro pañuelo y, por ende, llegamos a justificar las actividades de ambos poniendo en el terreno de lo opinable, lo difícil que resulta definir qué es justicia y que esa definición, muchas veces, no coincide con lo legítimo y aceptado.
Lo que no terminamos de aceptar es la justificación de la corrupción, tema capital en la cinta. Que la corrupción existe ya lo sabíamos y lo sabemos. Pero en el caso de muchos policías tendremos que terminar por entenderlo. Ya lo comente en Arma Fatal y lo repito: una persona que cobra una mierda de sueldo limita sus funciones a lo estrictamente necesario (si llega), ni se va a jugar la vida por alguien ni va a lucir su entereza moral. Si además de estar puteado, se te ofrece la opción de ganar más pasta por hacer menos y peor tu trabajo ¿por qué no? No me vengan con que eso está mal, si todos actuáramos así que sería de nosotros... es que es lógico, si todo el mundo se está repartiendo los cachos más grandes del pastel, ¿por qué no voy hacerme amigo del que porta el cuchillo?
Ridley Scott nos muestra esta corrupción sin caer en el tópico apestoso, sino afirmando que la necesidad y la lógica hacen al hombre. Además con sutilidad inculpa a muchos estamentos sin caer en aquello de “los políticos están untados”, llegando incluso a atacar al santa santorum, al ejército y patriotismo americano. Patriotismo que muchas veces se convierte en racismo, tema que no nos interesa como estaríamos acostumbrados a tratarlo, sino en que lo que más fastidie a algunos es el hecho de que el más listo de todos sea negro, y el más justo, judío.
La entrada del ejército pone de manifiesto lo que nadie se atreverá nunca a decir: y es lo rentable que resulta la guerra para el libre mercado, tanto por el abastecimiento del mismo como la de recursos que se pueden extraer de zonas en crisis (en este caso heroína).
Este libre mercado a veces tiene sus inconvenientes y American Gangster nos sirve además como una ligera clase de economía o empresariales. Si una persona se salta a los intermediarios y decide hacer el solito todo el proceso de producción, lo normal es que sus costes se abaraten. Si además decide ser justo y vender productos de calidad al precio razonable que tienen, tenemos un claro vencedor en la lucha por el mercado. Claro, cuando alguien vence, muchos pierden y si los que lo hacen tienen mal perder se puede armar (en el sentido literal). Y es que, la tierra de las oportunidades lo es para todos y si algunos no juegan con las mismas reglas la situación se vuelve injusta (aunque estemos hablando de tráfico de drogas). Y entonces claro, si unos juegan haciendo trampas ¿Cuál debe ser la actitud de los otros? La solución más puritana pasa por ofrecer la otra mejilla para que te vuelvan a dar otra buena hostia bien dada; lo solución más lógica, y parece que socialmente más incorrecta, pasa por hacer las mismas trampas, jugar con las mismas reglas. Y es que quien inventó a Dios y le otorgo la palabra es el único que no le escucha.
Eso sí, quien decidió poner en escena a este elenco de actores merece nuestro respeto. No obviamos las discretas a la par que geniales interpretaciones de Don Cheadle y Cuba Gooding Jr (que sí leñe, que cuando se lo propone actúa bien), pero es que tenemos ocupando gran parte del metraje a Russell Crowe y Denzel Washington. El primero, que aunque parezca que siempre hace los mismos gestos (y, tal vez, los haga), demuestra película a película que su poco decoro en su vida personal lo compensa con creces en su faceta interpretativa. Parece, tal vez, un retrato profético, una inspiración en sí mismo en cuanto a los valores de su persona con los de su personaje. Este no se deja batir por la moralina que intentan inyectarle ni por las justificaciones de su abuso de deber para evitar la condenación eterna. Él simplemente sigue su naturaleza, y hace lo que es justo porque lo es, porque la justicia tiene algo de bueno y no por evitar las llamas del infierno, ni posibles represalias celestiales.
Pero si nos deleitamos con Crowe, no podemos hacer otra cosa que coger el cincel e ir esculpiendo estatuas en honor a Denzel Washigton. Denzel, cuando es bueno es el mejor y cuando es malo hace callar al mismísimo demonio. Con un amplísimo registro, su papel de Frank Lucas, le hace ir desde la sobriedad y la contención absoluta, al ataque de ira más inesperado, para volver a dominar la situación y a sí mismo. Una actuación de libro, que nos hace enamorarnos de su personaje, nos produce el síndrome de Estocolmo para acabar defendiendo a un traficante de drogas como baluarte de los derechos humanos y la igualdad racial.
American Gangster, tal vez, no remate la jugada para convertirse en una obra maestra pero al menos deja nuestra mente sobre la cuestión de ¿Quién es realmente el gangster americano?
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4 comentarios:

holaaa dijo...

A mí, esta película me pareció estupenda, y desde luego, mejor que Infiltrados.
Infiltrados tiene buenas interpretaciones por parte de Leonardo DiCaprio, Jack Nicholson y Mark Wahlberg, pero tiene un algo que evita que me guste tanto como esta, además de que es un remake.

http://cine-2008.blogspot.com/

Anónimo dijo...

Prefiero ver a American gangster nominada que Atonement

Néstor dijo...

Infiltrados y American Gangster son películas muy distintas tanto en su concepción narrativa como técnica. Scott es un publicista mientras que Scorsese se recrea, a más no poder, en detalles de toda índole. El primero utiliza un montaje sintético mientras que el otro presume con el analítico.

No son comparables, como tan poco lo es esta con El Padrino, como algún crítico ha tratado de señalar.

Un saludo y gracias por tu comentario.

Por cierto que Jack Nicholson estaba inmenso como hacía años no se le veía.

Néstor García
www.deformacionprofesional.org

edu dijo...

Soy "holaaa" y es casi seguro que nadie vaya a leer esto (cuánto tiempo ha pasado) pero en ningún momento he cambiado de opinión con este film.

Mi comparación iba dedicada al género (thriller/mafia), pues, como bien dices, el estilo de realización y la técnica de ambos directores es completamente diferente y se distingue a primera vista. Lo otro, puede que Jack Nicholson lo hiciera bien, pero puede hacerlo mucho mejor y h habido muchas veces (Chinatown, Alguien voló sobre el nido del cuco,...) en los que sí estaba inmenso.