domingo, 30 de diciembre de 2007

REQUIEM (II): LAS ACTRICES

El star-system de Hollywood siempre fue cantera de actrices que, sin llegar al estrellato y calidad de las grandes divas, supieron hacerse un hueco en la industria y sin necesidad de ser nominadas nunca al Oscar. Curiosamente, tres actrices que responden a este canon, nos dejaron este año.


La primera (8 de enero) fue la canadiense Yvonne De Carlo (84 años), una de las bellezas más raciales del Hollywood de los años 50. Comenzó su carrera a principios de 1940, en producciones B, alcanzando el éxito de la mano de Robert Siodmak: “El Abrazo de la Muerte” (1949), donde compartía protagonismo con un emergente Burt Lancaster. Mediados de siglo nos descubrió a toda una aventurera en países exóticos (“El Halcón del Desierto”, 1950, Frederick de Cordova), westerns (“Piel roja”, 1951, de George Sherman), películas de piratas (“El Capitán Panamá, 1952, Sidney Salkow), aunque también probó suerte, aunque con escaso éxito en el drama (“Amores de un Impostor”, 1956, de Charles Martin). Su Séfora en la super-producción “Los Diez Mandamientos” (1956), de Cecil B. DeMille, y el inmediato triunfo en taquilla, catapultaron su nombre. Quizás el público la reconozca mejor en el clásico sobre la esclavituD de Raoul Walsh “La Esclava Libre” (1957), donde era flanqueada por dos actores del tamaño de Clark Gable y Sidney Poitier. A principios de los años 60, fue paulatinamente cambiando la grande por la pequeña pantalla donde cosechó una gran popularidad por su papel de Lilly en la famosa serie “La Familia Munsters” (1964-1966).


Betty Hutton (11 de Marzo, a los 86 años) también dio sus primeros pasos en la interpretación en los 40, dentro de los estudios Paramount, siendo descubierta por el gran público en “The Miracle of Morgan’s Creek” (1944), de Preston Sturges. Dueña de una gran voz que le consiguió intervenir en clásicos musicales como “La Rubia de los Cabellos de Fuego” (1945), de George Marshall, “Red, Hot and Blue” (1949), de John Farrow, y, sobre todo, “La Reina del Oeste” (1950), de George Sidney. Participó en el “El Mayor Espectáculo del Mundo” (1952), de Cecil B. DeMille, Oscar a la Mejor Película de ese año.


Por último, hablemos de Mala Powers (11 de Junio, a los 75 años), su caso fue “llegar y besar el santo”. Su primer papel en el cine fue la policíaca “Nube de Sangre” (1949), de Mark Robson, a la que siguieron sus dos interpretaciones más recordadas: la Roxane de “Cyrano de Bergerac” (1950), de Michael Gordon, donde era el objeto de deseo del oscarizado José Ferrer; y “Outrage” (1950), que suponía la 2ª película de Ida Lupino tras las cámaras. Tras esta carrera prometedora, la actriz pasó sin pena ni gloria por la gran pantalla, decidiendo, en los 60, dedicarse a series de televisión, prestando su labor a clásicos como “Perry Mason” (1959-1966), “Misión: Imposible” (1967).

Europa perdió a dos actrices, que sin ser internacionales, dejaron su huella en sus países de origen: la malograda Solmeig Dommartin (45 años) y Emma Penella (77 años).


La intérprete francesa fue la musa (y compañera sentimental) del alemán Wim Wenders en tres de sus grandes títulos: “El Cielo Sobre Berlín” (1987), “Hasta el Fin del Mundo” (1991) y “Tan lejos, Tan Cerca” (1993). En su país destacó en varias series de tv nacionales y en escasas películas como “S’en fout la mort” (1990) y “J’ai sommeil” (1994).


La madrileña era y es miembro de familia de artistas (bisnieta del compositor Manuel Penella, hermana de las actrices Terele Pávez y Elisa Montés, cuñada de Antonio y tía de Emma Ozores). Formada en el teatro, a mediados de los 50 saltó al cine (“Cómicos”, 1954, de Juan Antonio Bardem), donde cosechó grandes éxitos de la cinematografía española como “El Verdugo” (1964), de Luis García Berlanga. Poco a poco, fue apartándose del cine, volviendo a las taquillas ya en su madurez con “La Estanquera de Vallecas” (1987), de Eloy de la Iglesia. Su carrera se vio recompensada con la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes (1997).

Volvemos a Hollywood para despedir a dos de sus grandes representantes:


El 10 de Septiembre fallecía en su mansión de Palm Springs, a los 90 años, Jane Wyman. Recordarla, principalmente, por su malévola Angela Channing de “Falcon Crest” (1981-1990) o su nefasto matrimonio con el presidente Reagan, es no hacer justicia a una gran figura del Hollywood Dorado. Fichada desde 1936 por la Warner, alternó como pocas excelentes comedias como dramas, a partir de su primer gran éxito, la oscarizada “Días sin huella” (1945), de Billy Wilder. La Academia puso los ojos en esta pequeña actriz, de gran expresividad y enorme talento: nominándola hasta en 4 ocasiones: la 1ª fue en 1947, con “El Despertar”, de Clarence Brown, y co-protagonizada junto a Gregory Peck (tembién nominado). Con la 2ª ya lograría la ansiada estatuilla: “Belinda” (1948), de Jean Negulesco, obtuvo 11 nominaciones aquel año, venciendo en Mejor Actriz, donde Wyman se ganaba al espectador/crítico/académcio más sensible interpretando a una sordomuda incomprendida. La 3ª nominación fue por el drama materno-filial “No Estoy Sola” (1951), de Curtis Bernhardt, que no pudo con Vivien Leigh (“Un Tranvía Llamado Deseo”). La última nominación que consiguió fue por su papel en uno de esos melodramas propios de su director, Douglas Sirk, titulado “Obsesión” (1954), donde estaba acompañada por Rock Hudson (ambos actores repetirían con Sirk, al año siguiente, en "Solo El Cielo Lo Sabe", donde una solitaria señora rica se enamoraba de su joven jardinero idealista). Todo un símbolo de la industria, Wyman se codeó con los mejores directores de su época: Michael Curtiz (“Noche Y Día”, de 1946); Alfred Hitchcock (“Pánico En La Escena”, de 1950); Frank Capra (“Aquí Viene El Novio”, de 1951);…

El caso de Deborah Kerr ya lo recogimos en un post especial, que aquí volvemos gustosos a publicar:


El pasado 16 de Octubre falleció Deborah Kerr, una de las grandes estrellas de la llamada edad de oro de Hollywood, a los 86 años. Deborah Jane Kerr-Trimmer cursó en su Escocia natal ballet y teatro, instalándose en Londres, donde con poco más de 20 años consiguió fama y reconocimiento entre las actrices inglesas del momento. Del Reino Unido salió allá por 1947 llamada por Jack Conway que la reclamaba desde Los Ángeles para su próxima película: "Mercaderes de ilusiones", consolidando su posición de estrella en 1949 de la mano de George Cukor que le regaló el papel protagonista de "Eduardo, mi hijo", por la que consiguió su 1ª nominación al Oscar y al Globo de Oro (aquel año, ganaría ambos Olivia de Havilland por "La Heredera"). A partir de aquí y unido al comienzo de una nueva década, empieza el verdadero camino hacia la gloria de la Kerr, donde en los diferentes films que va enlazando, forja la imagen de mujer fría, inteligente, algo frígida y, sobre todo, elegante, con la que la recordaríamos cualquier cinéfilo sino fuera porque Fred Zinnemann le dio la posibilidad de mostrar su capacidad de cambios de registros y la transformó en un icono sexual... sólo hacían falta una playa y Burt Lancaster... RESULTADO: "De Aquí a la Eternidad" (1953) y 2ª nominación al Oscar (la ganadora... una semi-desconocida Audrey Hepburn por "Vacaciones en Roma"). Los años 50 fueron testigos de una actriz que lo mismo cantaba y bailaba ["El rey y yo" (1956) W. Lang, 3ª nominación], hacía remakes de grandes películas de amor ["Tú y yo" (1957) L. McCarey] daba vida a personajes literarios ["Buenos días, tristeza" (1958) O. Preminger] ...y personajes teatrales ["Mesas separadas" (1958) D. Mann, 5ª nominación; la 4ª fue por "Sólo Dios lo sabe" (1957) J. Huston].
Hasta 6 nominaciones tuvo Kerr para lograr el Oscar [la última, por "Tres vidas errantes" (1960) F. Zinnemann] lo que demuestra su talento y el gusto de sus compañeros por una actriz perfeccionista y perfecta, que trabajó con los actores/actrices, guionistas y directores más importantes, comerciales e importantes de Hollywood. Tuvo que ser en 1994 cuando la Academia le concediera el Oscar Honorífico por su trayectoria profesional.